La versión devaluada del huracán Sandy que nos fumamos el lunes por la madrugada, afortunadamente no me trajo inconvenientes de importancia. Supongo que el tener un paso bajo nivel a menos de cien metros de mi casa, el cual se convirtió en lugar de entrenamiento para buzos profesionales, ayudó a que no haya sido necesario comprarle un snorkel al canario. El único problema es que una de las lineas telefónicas de mi casa palmó (casualmente la que está a nombre de la familia hace unos noventa años y cuyo número lo tienen hasta en la NASA), y los muchachos del ciento catorce consideran que un margen de 180 dias, en horario de 8 a 15, siempre y cuando haya sol, es razonable para venir a efectuar la reparación correspondiente. Así que aqui estoy, de rehén en mi casa, esperando que vengan los profesionales del RJ11, ya que mi santa madre no le abre la puerta ni al verdulero a quien conoce hace como quince años.
En situación normal estaria, en lugar de boludeando en internet, laburando en forma remota. Resulta que el disco rígido de mi portátil fue víctima, hace cosa de un mes y medio, de un homicidio culposo en estado de emoción violenta, así que luego de haber gastado una pequeña fortuna en reemplazarlo, aun sigue careciendo de los programas mínimos indispensables para poder hacer mi trabajo, prescindiendo de desplazamientos en medios varios de transporte público hacia mi oficina porteña. Por ello, y dado que mucho mas no puedo hacer (la pornografía ya no viene como antes), me pareció una buena ocasión para descarbonizar las bujías de este sitio.
Luego de mi última sesión semanal con el patólogo (el que me acomoda los patos de la cabeza), me quedé reflexionando acerca de la nostalgia. En tren de esas reflexiones, llegué a la conclusión de que la nostalgia nos hace caminar por una delgada línea que separa la práctica de deportes extremos, de las tendencias suicidas. Cualquier letra de tango es lo suficientemente ilustrativa: la casita de los viejos; el bulín de la calle Ayacucho... Todo un revolvedero de recuerdos que, si no se los pone en contexto y se los controla adecuadamente, pueden provocarnos grandes problemas en la azotea o llevarnos a hacer cagadas.
Todos, mas o menos, tenemos momentos nostálgicos. Está muy bien practicar la remembranza de los buenos viejos tiempos; El problema surge cuando esa remembranza nos deja anclaos en París y nos impide seguir adelante con nuestra vida, ya que creemos que nada de lo que venga después podrá ser tan bueno como aquello que recordamos con una mueca de media sonrisa. Otro de los grandes riesgos que engendra la nostalgia, es el del hacernos perder la objetividad, toda vez que aquella está íntimamente ligada a la conducta de ver solo la parte llena del vaso de aquellas situaciones y vivencias que también tuvieron momentos de mierda, por decirlo finamente, momentos que, ya con el diario del lunes en la mano, ni en pedo querriamos volver a vivir sabiendo lo que vino después. Lo aconsejable seria quedarnos con la parte positiva en un rincón de nuestra memoria, pero no desear ver toda la película de nuevo si sabemos que el final es una bosta que nos hizo revolearle el balde de pochoclos a la pantalla y putear a los actores, al director, a los guionistas y hasta al acomodador del cine.
Podemos añorar aquellas viejas y concurridas mesas navideñas, mientras los nonos aun no habian crepado, que lograban que se junte toda la familia en torno al vitel toné, las botellas de sidra y al tío Gualterio que invariablemente se ponia en pedo y nos hacia cagar de la risa con sus chistes verdes. Claro que esas reuniones, también incluian al tio borrachin partiéndole en la cabeza el plato de vitel toné a la esposa, quién le insistia en que deje de chupar, provocando un escándalo familiar de proporciones menemistas, que terminaba con Gualterio pasando la Navidad en la comisaría, la jermu en la salita de primeros auxilios, y la nona alternando entre el llanto y el paro cardíaco. Pero no: el nostálgico versión suicida, solo quiere volver a vivir todo eso por la imagen de la familia unita y los chistes del tío convicto.
Un nostálgico "sano", en cambio, se permitirá recordar con cariño los fantásticos viajes que hizo con su pareja a recónditas playas de la costa brasilera, pero ni por putas (valga la redundancia) bajaria la guardia ante las lágrimas y suplicas por volver de su ex, siendo que una vez llegó del laburo antes de lo previsto y se encontró a su novia enfiestada en la cama con los suplentes de un equipo de fútbol del ascenso.
Es posible, también, que un dia, pelotudeando con el Facebook, demos con el paradero de una novia de la adolescencia, con quien la cosa se cortó justamente porque eramos adolescentes y en esa etapa se hacen boludeces, y le mandemos una solicitud de amistad, ya que era buena buena mina, tenemos un gran recuerdo de ella (y de su culo) y no contamos con mayor información de aquella época que nos permita suponer que (en caso de que la mina aun se acuerde de nosotros, nos de bola y haya concluido el papelerio legal de su quinto divorcio) si llega a haber onda nuevamente, la cosa terminará en catástrofe; Es una posibilidad, es cierto, y también un ejemplo de nostálgico con gusto por los deportes de alto riesgo. Pero un riesgo calculado. Como dije mas arriba, si en aquella época estuvo todo razonablemente bien, no tenemos mayores datos objetivos para creer que la recreación en la actualidad de aquellos años, terminaran con nuestro terapeuta derivándonos a un neuropsiquiátrico.
Personalmente, y gracias a la ayuda de mi patólogo, no tengo una tendencia enfermiza (en realidad nunca la tuve) a la nostálgia. Me puede llegar a pasar que un viejo amigo de la infancia, jugador suplente de un equipo de fútbol del ascenso, con quien hemos compartido infinidad de tardes tomando Nesquik con vainillas mientras mirabamos a la Pantera Rosa siendo infantes, y con quien frecuentamos todos los antros de perdición de la ciudad cuando eramos adolescentes, se mande una trastada conmigo, ya de adultos, reprobable por donde se la mire. En este caso tendria dos opciones:
A) Perdonarlo en honor a las buenas épocas y aquí no ha pasado nada.
B) Borrarlo para siempre de mi mailing list de saludos navideños, mandarlo a la reputísma madre que lo parió y seguir adelante.
Aunque todo se trate de una mera hipótesis, la última opción es la que mas se ajusta a mi postura en este momento de la vida.
No reniego ni le escapo a la nostalgia, ni a la posibilidad, si se presenta, de repetir buenos momentos. Con prudencia siempre.
Porque, por lo general, lo bueno, fue bueno mientras duró.
Chan channn!!!

Lo bueno, Obe fue bueno mientras NO duró. Que el fbook no una lo que la vida se ha encargado de separar y como hay gente que no entiende cerré la otra cuenta, me desaparecí un tiempo y hace poco abrí otra. Cada tanto alguno pregunta "¿Por qué no me aceptás?" Justamente por eso, porque sos un pelotudo iterativo. Puta que soy entradora! La nostalgia esta sobrevaluada, Obe, sepaló.
ResponderEliminarBien por su regreso
¿O sea que a mi tampoco me pensas aceptar????
EliminarNo sé si la nostalgia está sobrevaluada; La nostalgia pinta y no hay forma de impedirla. Lo importante es tenerla bajo control. Ahora, entre nos, ud. que es inteligente, habrá captado que todo el post es un mensaje subliminal. Seguramente no entenderás a cuento de qué, pero algun dia, cerveza negra en mano, sentados en un tugurio de los que te gustan, te lo contaré.
Eliminarsee todos los que no lean lineal (cada vez quedan menos) mandan solicitud y yo los agrego. No sea prejuicioso, quiere?
EliminarSale cerveza negra cualquier día de estos, Obe! Mientras tanto prepare la pseudo mesa de los galanes en ese blog que promete. Avisá por acá que es el blog que sigo, aunque desde hace un tiempo todos en forma privada. Verme en un cuadradito cuando leo los blogs me la baja. Es lo que hay.
"el tiempo pasa, nos vamos poniendo tecnos..."
ResponderEliminarNo se si nos vamos poniendo tecnos, pero vos ponete las pilas que los "NKOTB" tienen que salir al ruedo. A Rama Aeroseñal vamos a bancarlo hasta que solucione sus inconvenientes técnicos.
EliminarNo sé si la nostalgia es en sí algo malo o bueno: ES. Como todo. O al menos eso diría MI locóloga (la que cura a los locos, en el mejor de los casos).
ResponderEliminarLiteral, y figurativamente hablando, yo creo que lo mejor que se puede hacer con un tango, sin dudas, es bailarlo.
Ante todo Vale, gracias por pasar por este hueco en la web (bah, creo que es la primera vez que te veo por aquí). Como dí a entender en el post y en alguno de los comentarios, el problema es como reaccionamos ante la nostalgia (sí, ya cai en la cuenta de que es un error acentuarla), toda vez que no podemos evitarla. Una cosa es concurrir a una reunión de ex alumnos de tu escuela, y otra muy distinta, querer recrear, a los 40 años, el viaje de egresados a Bariloche, haciendo TODO lo que se hizo en aquel entonces y sin tomar en cuenta que el volumen que alcanzó nuestra anatomía con el correr de los años, torna imposible que nos acomodemos en un culopatín.
EliminarRespecto a bailar tango, reconozco mi incapacidad natural para la danza pero estoy dispuesto a que me impartas clases.
Mierrrda! qué enferma estoy!
ResponderEliminarMe viendo rondando muy de cerca la idea de que me abaraje una psico.No me decido porque me dijeron que me va a hacer hablar para ayudarme nomás, y yo quiero volver a tener 8 años, cuando mis padres me decían lo que tenía que hacer!
Muy bueno tu blog,Obe.
Un abrazo
Mónica (Rcia-Chaco)
Quise decir "Me viene rondando..."
EliminarMónica (no tengo blog).Vengo de lo de Sandra
Muchad gracias Mónica por pasar por este sitio, y sea Ud. muy bienvenida.
EliminarOjota que hay que tener cuidado con el tipo de profesional que se elige para tratarnos la fila de patitos de la cabeza; Hay algunos que son freudianos y le indagan su etapa anal, otros que son lacanianos y vaya uno a saber que le indagan, y otros, como mi patólogo, que son cognitivos-conductistas. En buen castizo, te hacen como ese cuento de gallegos en el cual le pegan un tomatazo en el pecho a un gaita y este se da vuelta al grito de "¿Quien fue??".
jajaja qué bueno! me mata la curiosidad de ir a alguno, pero soy tan bolú que va a pasar un tiempo hasta que me dé cta quién es mejor.El de la etapa anal, ése sí no va a poder disimular jajaa.
EliminarTenés un humor tan lindo, pasta de escritor relajante te sobra,y encima gratis. Vuelvo cada tanto.
Feliz finde,Obe
Mónica
Entre nos, Mónica (¿te puedo tutear?), del blog de Sandra, venís a parar acá. Me parece que un terapeuta no será suficiente. No señor!!!.
EliminarNene, un par de comentarios acerca de tu post:
ResponderEliminar1.- Sos un nostalgico de mierda, si el 'patologo' te dice que no, patealo al joraca porque te está estafando.
2.- Con respecto a loas dos opciones del final, obviemante la correcta es la opción B, pero enla parte que dice ...'y seguir adelante'.
3.- Cito: "siendo que una vez llegó del laburo antes de lo previsto y se encontró a su novia enfiestada en la cama con los suplentes de un equipo de fútbol del ascenso.". Mentira, el equipo ya había ascendido a Primera y algunos no eran suplentes, jugaron (cansados) el domingo siguiente...
Dije que NO tengo una tendencia enfermiza a la nostalgia, es decir, la nostalgia no me impide seguir con mi vida. Soy nostalgico como cualquier cristiano promedio, mas tampoco la voy de superado.
EliminarCon patólogo noooo!!!
(Que cosa este muchacho que insiste en llevarme la contra..psssss).
¿Ud. sabia algo que yo no????
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