Los miembros de la comunidad fumadora argentina vivimos horas aciagas. Nuevamente nos metieron la mano en el bolsillo. Una vez más nuestros maltrechos pulmones deben soportar el peso del déficit fiscal. Pareciera ser que no es suficiente con que las obras sociales discriminen a los cancerosos a causa del cigarrillo y, en cambio, reciban con los brazos abiertos a toda esa jauría de "sanitos" que llegan de a miles al consultorio del traumatólogo a causa de las lesiones provocadas por tanto running, footing, pilates y demás medicinas alternativas.
Realmente estoy caliente. Como el gobierno no puede seguir con el currito de las retenciones gracias a Cobos y su "no positivo", que es lo que hacen? Pues le engrampan otro aumento a los fasos. Claro, nos tratan como a las siete plagas de Egipto, nos excluyen, nos acorralan, nos esquilman, nos aislan. Nos tratan para el orto, en suma. Pero, a quien le vienen a pedir plata cuando ya no queda nada en el fondo de la olla para rasquetear? A nosotros, los cultores del pitillo. Me siento tratado como un Ekeko, sobre quien nadie se quejaba del humo de sus cigarrillos cuando de manguearle cosas se trataba.

Estaba mas que claro que esta impopular medida iba a tener consecuencias; El descontento de la clase fumadora se hizo oir en una multitudinaria marcha en el centro de la ciudad.
Manifestantes enardecidos reclamaban la revisión de tan odiosa medida y señalaban, con mucha razón por cierto, que estos aumentos serian contraproducentes, ya que no solo que no lograrán alejar a los fumadores del vicio, si no que, en búsqueda de opciones mas económicas, se verian obligados a recurrir a cigarrillos de dudoso origen y pésima calidad.
Si, como dicen los gobernantes, la intención de fondo es desalentar el consumo de tabaco, es hora de que vayan poniendo en práctica medidas mas creativas y amigables que nos hagan tomar plena conciencia de los beneficios de abandonar el hábito de fumar.

Si de fumar se trata, quién mejor que el bueno de Keith Richards para dar su opinión sobre el asunto, así que inmediatamente me comuniqué a su celular, número que gentilmente me facilito Teresa Parodi.


Con su caracteristica voz cavernosa, constantemente interrumpida por atronadores ataques de tos, me manifestó que "realmente me chupa un huevo que aumenten los cigarrillos en Argentina o donde fuckin' place sea" para proseguir diciendo que "tengo guita a paladas, así que si quiero me compro mi propia tabacalera y de última tadavia me queda como medio kilito de las cenizas de mi viejo que ya están pagas" concluyendo con "el problema lo van a tener ustedes, sudacas del orto cuando a la juventud le cueste lo mismo comprar un finito que un atado de Marlboro".

Le agradecí por la comunicación y por su claridad de conceptos y, masticando bronca, me fuí al kiosco a comprar cigarrillos.
Con aumento. Obviamente.
