Corria el año 1998 y el mes de mayo ya habia presentado sus cartas credenciales. Yo me encontraba desocupado desde hacia unos meses; un accidente vial el año anterior me dejó en cama unos meses, algunas cicatrices que aún hoy perduran y fuera del mercado laboral gracias a las bondades del empleo en negro.
Una mañana de ese mes de mayo de 1998, me encontraba tirado en la cama sumido en la frustración y el desánimo a causa de mi situación, hasta que la buena fortuna, esa que no fuí a tentar a ninguna agencia de juegos de azar, llamó a mi puerta. Era Rosita, una adorable anciana que ya habia doblado el codo de las ocho década, amiga de mis tias paternas y vecina del barrio. Sabia de mi situación gracias a una de mis tias y venia con buenas noticias: habia hablado con el yerno, un hombre de unos 60 años, otrora ejecutivo de un importante banco privado y, durante ese año 1998, una suerte de gerente general de una pequeña y nueva empresa de informática fundada, entre otros, por el menor de sus hijos y ex-compañero de clases y aventuras empresarias del mayor. Este hombre, Ernesto, que más que como un jefe me trataba como a un hijo, me estaba dando la posibilidad de una entrevista para cubrir el puesto de cadete administrativo en esa pequeña compañia. Un departamento del primer piso en un edificio algo antiguo ubicado en Montevideo y Sarmiento, en la Capital Federal, era su sede un tanto precaria y caótica.
Me entrevisté con Don Ernesto primero y luego con un muchacho que aparentaba tener mas o menos mi misma edad y sobre quien supuse, erroneamente, se trataba del hijo del dueño; como dije anteriormente, me equivoqué: él era uno de los dueños junto a dos socios más que habian sobrevivido de los siete originales.
Pocos dias después de ese primer contacto, un llamado telefónico me daba la gran noticia: el empleo era mio. La alegría fué enorme y por partida doble; dejaba de ser una estadística de desocupación y encima iba a trabajar en pleno centro porteño, zona que me encanta particularmente.
No voy a aburrir con detalles sobre mi actividad laboral; sí voy a señalar que a los tres meses la empresa creció y se mudó a un lugar mucho mas amplio y apropiado y, encima, a solo una cuadra y media de distancia.
La mudanza me deparó mas sorpresas y satisfacciones. A poco de instalarnos en la nueva locación, los responsables de la firma habrán visto alguna cualidad en mí, ya que decidieron pasarme a la recientemente creada área técnica, brindándome capacitación y como frutilla del postre, confiando en mí para que les recomiende a mi reemplazo. Aquí tuve la primera gran satisfacción ya que puede tenderle una mano a un hermano del alma que estaba en la mala y, al poco tiempo, a otro más. En tres meses tuve ascenso, comencé a capacitarme en una profesión que jamás soñe y gracias a la cual pude conocer personas y lugares que nunca imaginé y tenia entre mis compañeros de tareas a dos amigos del alma.
Fué, también, gracias a ese mismo empleo, que conocí a la mujer que amé durante casi 8 inolvidables años. Por esa mujer, otro de mis mejores amigos conoció a quién hoy es su esposa. Por esa mujer conocí, sin quererlo, a la Gata, mi amiga del alma. Gracias a ese empleo, aunque en esa oportunidad yo ya no formaba partel del plantel de la firma, tuve la posibilidad de asistir a una fiesta de despedida de año en el mismísimo estadio Luna Park. A la vuelta de esa despedida, fué que nació Obelisco Enforrado; corria la madrugada del 1° de diciembre del año 2005. En ese entonces convivia con mi chica en un departamento ubicado en esa zona de la ciudad que es paso casi obligado para todos los turistas de aquí y del mundo que visitan Buenos Aires y que se habia transormado en mi nuevo barrio. Desde una de las ventanas de ese departamento, fué tomada la fotografia del Obelisco Enforrado que adorna la página principal de este humilde blog; la otra fotografía, en la cual aparezco haciendo noni, me fué tomada a "traición" por esa hermosa morocha con quién compartí tantos momentos espectaculares que quedarán guardados para siempre en mi corazón.
De ese trabajo, cosas de la vida, me despidieron junto a uno de mis amigos, quien ya habia hecho su propia carrera dentro de la empresa, cuatro años después y el mismo dia del cumpleaños de mi amigo, pero gracias a la formación profesional que me brindaron y a la intermediación de una de las tantísimas personas que conocí durante esos cuatro años, conseguí un nuevo empleo casi inmediatamente.
Con la indemnización pude conocer, y caer rendido a sus pies, a la hermosa ciudad de Rio de Janeiro y las increibles callecitas y playas de Buzios, siempre en compañia de mi novia; ese viaje a la tierra de las escolas do samba, el Pan de Azúcar, el Corcovado y el Maracaná, tuve la inmensa fortuna de repetirlo al año siguiente.
Todo gracias a esa visita de Rosita aquella mañana de mayo de 1998.
Honestamente, nunca fuí de frecuentarla y últiamente pasaba sus dias en un geriátrico. Cada tanto me la encontraba dando un paseo por el barrio con su hija, la esposa de Don Ernesto, actualmente viviendo en tierras lejan, ó visitando a mi amigo el tano, por quien tenia especial predilección, en su negocio.
Hoy, a los 36 años, mi vida tomó un camino muy distinto al de ese mayo del 98, pero mirando a través del espejo retrovisor de la vida, veo que esa simple visita de Rosita, marcaria un hito fundamental en mi existencia.
Ayer por la mañana me llegó un mensaje del tano a mi celular: "falleció Rosita". Curiosamente, ayer también fué el cumpleaños de mi amiga la Gata, esa a quién conocí gracias a mi ex gracias a la cual mi amigo conoció a su esposa y tantos otros "gracias" que ya mencioné y muchísimos más que serian larguísimos de enumerar.
Hay una frase que dice: no llores porque terminó; sonrie porque sucedió.
Ese mensaje de texto, aunque de contenido amargo, me trajo un montón de recuerdos; felices casi todos ellos.
Sentí la inmediata necesidad de ir a despedir a Rosita.
Sentí la necesidad de decirle: GRACIAS ROSITA!!!!