miércoles, 31 de octubre de 2012

TE ACORDÁS HERMANOOOO...

La versión devaluada del huracán Sandy que nos fumamos el lunes por la madrugada, afortunadamente no me trajo inconvenientes de importancia. Supongo que el tener un paso bajo nivel a menos de cien metros de mi casa, el cual se convirtió en lugar de entrenamiento para buzos profesionales, ayudó a que no haya sido necesario comprarle un snorkel al canario. El único problema es que una de las lineas telefónicas de mi casa palmó (casualmente la que está a nombre de la familia hace unos noventa años y cuyo número lo tienen hasta en la NASA), y los muchachos del ciento catorce consideran que un margen de 180 dias, en horario de 8 a 15, siempre y cuando haya sol, es razonable para venir a efectuar la reparación correspondiente. Así que aqui estoy, de rehén en mi casa, esperando que vengan los profesionales del RJ11, ya que mi santa madre no le abre la puerta ni al verdulero a quien conoce hace como quince años.
 
En situación normal estaria, en lugar de boludeando en internet, laburando en forma remota. Resulta que el disco rígido de mi portátil fue víctima, hace cosa de un mes y medio, de un homicidio culposo en estado de emoción violenta, así que luego de haber gastado una pequeña fortuna en reemplazarlo, aun sigue careciendo de los programas mínimos indispensables para poder hacer mi trabajo, prescindiendo de desplazamientos en medios varios de transporte público hacia mi oficina porteña. Por ello, y dado que mucho mas no puedo hacer (la pornografía ya no viene como antes), me pareció una buena ocasión para descarbonizar las bujías de este sitio.
 
Luego de mi última sesión semanal con el patólogo (el que me acomoda los patos de la cabeza), me quedé reflexionando acerca de la nostalgia. En tren de esas reflexiones, llegué a la conclusión de que la nostalgia nos hace caminar por una delgada línea que separa  la práctica de deportes extremos, de las tendencias suicidas. Cualquier letra de tango es lo suficientemente ilustrativa: la casita de los viejos; el bulín de la calle Ayacucho... Todo un revolvedero de recuerdos que, si no se los pone en contexto y se los controla adecuadamente, pueden provocarnos grandes problemas en la azotea o llevarnos a hacer cagadas. 
 
Todos, mas o menos, tenemos momentos nostálgicos. Está muy bien practicar la remembranza de  los buenos viejos tiempos; El problema surge cuando esa remembranza nos deja anclaos en París y nos impide seguir adelante con nuestra vida, ya que creemos que nada de lo que venga después podrá ser tan bueno como aquello que recordamos con una mueca de media sonrisa. Otro de los grandes riesgos que engendra la nostalgia, es el del hacernos perder la objetividad, toda vez que aquella está íntimamente ligada a la conducta de ver solo la parte llena del vaso de aquellas situaciones y vivencias que también tuvieron momentos de mierda, por decirlo finamente, momentos que, ya con el diario del lunes en la mano, ni en pedo querriamos volver a vivir sabiendo lo que vino después. Lo aconsejable seria quedarnos con la parte positiva en un rincón de nuestra memoria, pero no desear ver toda la película de nuevo si sabemos que el final es una bosta que nos hizo revolearle el balde de pochoclos a la pantalla y putear a los actores, al director, a los guionistas y hasta al acomodador del cine.
 
Podemos añorar aquellas viejas y concurridas mesas navideñas, mientras los nonos aun no habian crepado, que lograban que se junte toda la familia en torno al vitel toné, las botellas de sidra y al tío Gualterio que invariablemente se ponia en pedo y nos hacia cagar de la risa con sus chistes verdes. Claro que  esas reuniones, también incluian al tio borrachin partiéndole en la cabeza el plato de vitel toné a la esposa, quién le insistia en que deje de chupar, provocando un escándalo familiar de proporciones menemistas, que terminaba con Gualterio pasando la Navidad en la comisaría, la jermu en la salita de primeros auxilios, y la nona alternando entre el llanto y el paro cardíaco. Pero no: el nostálgico versión suicida, solo quiere  volver a vivir todo eso por la imagen de la familia unita y los chistes del tío convicto.
 
Un nostálgico "sano", en cambio, se permitirá recordar con cariño los fantásticos viajes que hizo con su pareja a recónditas playas de la costa brasilera, pero ni por putas (valga la redundancia) bajaria la guardia ante las lágrimas y suplicas por volver de su ex, siendo que una vez llegó del laburo antes de lo previsto y se encontró a su novia enfiestada en la cama con los suplentes de un equipo de fútbol del ascenso.
 
Es posible, también, que un dia, pelotudeando con el Facebook, demos con el paradero de una  novia de la adolescencia, con quien la cosa se cortó justamente porque eramos adolescentes y en esa etapa se hacen boludeces, y le mandemos una solicitud de amistad, ya que era buena buena mina, tenemos un gran recuerdo de ella (y de su culo) y no contamos con mayor información de aquella época que nos permita suponer que (en caso de que la mina aun se acuerde de nosotros, nos de bola y haya concluido el papelerio legal de su quinto divorcio) si llega a haber onda nuevamente, la cosa terminará en catástrofe; Es una posibilidad, es cierto, y también un ejemplo de nostálgico con gusto por los deportes de alto riesgo. Pero un riesgo calculado. Como dije mas arriba, si en aquella época estuvo todo razonablemente bien, no tenemos mayores datos objetivos para creer que la recreación en la actualidad de aquellos años, terminaran con nuestro terapeuta derivándonos a un neuropsiquiátrico. 
 
Personalmente, y gracias a la ayuda de mi patólogo, no tengo una tendencia enfermiza (en realidad nunca la tuve) a la nostálgia. Me puede llegar a pasar que un viejo amigo de la infancia, jugador suplente de un equipo de fútbol del ascenso, con quien hemos compartido infinidad de tardes tomando Nesquik con vainillas mientras mirabamos a la Pantera Rosa siendo infantes, y con quien frecuentamos todos los antros de perdición de la ciudad cuando eramos adolescentes, se mande una trastada conmigo, ya de adultos, reprobable por donde se la mire. En este caso tendria dos opciones:
 
A) Perdonarlo en honor a las buenas épocas y aquí no ha pasado nada.
 
B) Borrarlo para siempre de mi mailing list de saludos navideños, mandarlo a la reputísma madre que lo parió y seguir adelante.
 
 Aunque todo se trate de una mera hipótesis, la última opción es la que mas se ajusta a mi postura en este momento de la vida.
 
No reniego ni le escapo a la nostalgia, ni a la posibilidad, si se presenta, de repetir buenos momentos. Con prudencia siempre.
 
Porque, por lo general, lo bueno, fue bueno mientras duró.
 
Chan channn!!!
 
 
 
 


martes, 21 de agosto de 2012

CÓDIGOS Y PRINCIPIOS







Antes de arrancar, un poco de musiquita para acompañar la lectura...


Es una vieja discusión que tengo con mi amigo, el profe Macias. Él sostiene que las personas de bien tienen principios y que los códigos son algo solo reservado al mundillo de los mafiosos. Yo, en cambio, pienso que es un poquitín mas complejo el asunto: creo que los principios son algo que nace de uno mismo y que los aplicamos con prescindencia del quien, el como, el donde y el cuando, aunque como decia Groucho, "estos son mis principios y si no le gustan, tengo otros". Los códigos, por su parte, considero que son un acuerdo tácito entre dos o mas personas, una suerte de reglas de convivencia dentro del grupo pero que fuera de el, son de aplicación si es que el código coincide con el principio, lo cual no siempre sucede.

Poniendo todo lo anterior en ejemplos, podriamos decir que un principio seria no robar, claro que si esto se lo pregunta al Gordo Valor, este se le cagará de risa en la cara al tiempo que sopletea la caja de un camión transportador de caudales; Un código, en cambio, podria ser el famoso "las mujeres de mis amigos tienen bigote", código el cual señala que por mas que la novia de un compañero de andanzas sea la afortunada (junto con nuestro amigo) poseedora de un culo digno de usar como mortero si pudieramos filetearle los glúteos, nostros nos haremos olímpicamente los boludos, evitando hacer comentarios respecto a la firmeza de las cachas de la señorita y ni que hablar de pensar siquiera en cargarle carne por popa si la dama fuera medio ligera de cascos, y nos ofreciera comprobar en persona las cualidades cárnicas de su zona trasera.

Es posible, también, que el  espíritu del código de muestra utilizado arriba como ejemplo lo hagamos extensivo al campo de los principios y rechacemos cualquier posibilidad de exploración corporal de una mujer si sabemos que la misma tiene a un caballero con títulos tales como "marido", "novio", "concubino" o "infante de marina especializado en artes marciales, técnicas de tortura y armas de asalto", esperándola en casa con el mate calentito. Particularmente, este no es mi caso. Si una mujer se ofrece gentilmente a ayudarme a repasar conceptos de anatomía femenina en algún albergue transitorio ubicado a 50 kilómetros de cualquier manifestación de urbanización, pues hacia allí me dirigiré, feliz y contento, a comprobar la capacidad de dilatación de ciertos orificios del cuerpo de la dama, sin importarme si la misma es madre de quintillizos de dos años y que esté casada con un pobre hombre que se encuentra internado hace dos meses en la sala de terapia intensiva de un nosocomio del conurbano, producto de un ACV sufrido mientras presenciaba un Boca - River. That's no my problem (mas alla de mi pobre dominio del idioma inglés). Otro seria el cantar si el convaleciente fuese un amigo mio; No solo le pegaria un voleo en el orto a la mina por puta, descarada y mal bicho, sino que seguramente estaria haciéndole compañia a mi amigo por mas que su única manifestación de vida sea el olor de un pedo que se le escapó, pobre tipo que no tiene la culpa.

Como podrán deducir, si es que llegaron hasta aca, los principios tienen un tinte absolutista, aunque no necesariamente ético, moral, anche legal; Después de todo, el hincha caracterizado (barrabrava para doña Rosa) de un equipo de fútbol cuenta entre sus principios el abrirle el marote al medio de un cadenazo a cuanto hincha rival se le cruce y aunque este pueda llegar a ser un principio reprobable, el tipo se mantiene coherente y firme en eso de esparcir por el piso la masa encéfalica de cualquier adversario futbolero. 

Sería ideal, (y muy recomendable para nuestra salud mental), que los códigos sean un camino de doble via; Seria óptimo que si entre nuestros códigos contamos el evitar empomarnos a las mujeres de aquellos a quienes consideramos nuestros hermanos de la vida, que los mismos compartan dicho convenio no escrito. Puede suceder (y de hecho sucede) que esto no sea así, cosa de la cual nos desayunamos el dia en el que, mientras retomábamos la actividad física haciendo  footing por los bosques de Palermo, un poco para bajar los 47 kilos de más que cargamos en nuestro abdomen, otro poco para mirar pendejas en rollers, encontramos a nuestra novia y a nuestro amigo comprobando la calidad de los amortiguadores de una camioneta 4 x 4 de marca alemana, 0 KM., caja manual, ABS, dirección asistida, airbags delanteros, traseros y de cortina, GPS de serie, comprada con papeles truchos en Paraguay, joya nunca taxi, estacionada bajo un árbol al lado del Planetario a las siete de la tarde, hora en la cual nuestra ahora ex- novia, supuestamente debia estar en su curso de origami con cartón corrugado en el Jardín Japonés. Ahora, si forma parte del convenio el prestarnos nuestras novias, cosa de variar un poco, ahí es otra cosa.

En ocasiones los códigos pueden desaparecer por extinción del objeto del contrato (finalización abrupta del noviazgo porque nuestra chica justo nos enganchó mirándo lo bien que se les calaban las calzas en el ojete a las pendejas que andaban en rollers, mientras ella iba por su cuarto polvo en la camioneta importada, por ejemplo), dando, a veces también, origen a nuevos códigos.

- Che, ya que ustedes ya no estan mas de novios, ¿te joderia si salgo con tu ex?. La verdad es siempre me calentó y además me parece que me miraba con cariño mientras ustedes estaban juntos.

- Nooo!! ¿Pero como me va a joder?. Tienen mi bendición. No se preocupen por mí que yo voy a estar bien. Mas sabiendo que Laura va a estar con alguien tan copado y con tantos códigos como vos. Y si llegan a salir el domingo que viene, no vayan a parar con la chata debajo del palo borracho que está al lado del Planetario porque justo hay una convención hare krishna y se va a llenar de pelados vestidos con sábanas anaranjadas.

Ó

- ¿Vos me estás jodiendo?. ¿No te das cuenta de que con esto de la ruptura estoy destrozado y que la sola idea de imaginarte dándole matraca a mi ex me revuelve las tripas?. ¿Por que mejor, no te vas vos solito a Palermo, a las dos de la mañana, y te hacés garchar por un travesti?.

Creo que la ruptura de ciertos códigos es merecedora de una violación masiva y posterior destierro del infractor. Pero esa es otra historia.

En fin. Me parece que ya quedó lo suficientemente clara mi idea acerca de los códigos y de los principios básicos que debieran regular la sana convivencia (salvo lo de los cadenazos). Me gustaria conocer la opinión de los lectores.

Eso sí: si van a comentar, respeten los códigos.


MARTES: LA VUELTA AL BLOG DE UN SERVIDOR. DEDICADO A VOS, PEBETE, MI GRAN AMIGO. LÁSTIMA QUE NO VAS A MIRAR. PORQUE NO PODÉS.